viernes, 26 de diciembre de 2008

INTENTO DE ROBO

El otro día intentaron robarme, bueno, técnicamente, intentaron hurtarme, no hurtarme a mí, sino hurtar algo mío, de mi propiedad... hurtarme a mí sería complicado... os podéis imaginar a alguien arrebatándome sigilosa y clandestinamente del salón de mi casa o de mi puesto de trabajo... sería complicado, como poco... digo yo que alguien se daría cuenta (¿o no?).

Yo misma me dí cuenta esta vez. Suelo ir a menudo, feliz de la vida, con mi mochila a cuestas. Eso sí, voy casi como una espia, pegada a las paredes y los escaparates, mirando hacia los lados continuamente, como perseguida por alguien... ya lo habréis notado, soy un poquito paranoica...

Ahora ya no se sé si es paranoia o simplemente previsión. Iba como levitando, vamos, a paso de paseo, cuando tuve una sensación, algo raro pasaba, noté que me estaban abriendo la cremallera de la mochila.

Mi mochila y yo, de tan unidas que estamos, compartimos una conexión paranormal, un enlace metafísico, que me permite sentir su sufrimiento, su dolor y su miedo. Por esta causa, saltó la alarma y, entonces, en ese momento, volví la cabeza y me encontré, pegado a mí espalda, sitiando mi mochila, a un chiquillo que no tendría más de trece años.

Aún no tengo muy claro quién de los dos se sorprendió más, si yo de verle a él o él de verme a mí la cara. Teorizando un poco, podemos concluir que, si me eligió a mí entre la cantidad de gente había en la calle y valorando la mala cara que tengo por las mañanas, seguramente, él se sorprendió más que yo de que le descubriera.

Paré en seco, paró en seco, paró en seco un chico más mayor que le acompañaba a pocos metros, los miré, me miraron y salieron corriendo y yo pensé en ese momento: "¡Adiós carné, adiós llaves de casa y del trabajo, adiós móvil del alma!".

Me quité la mochila y comprobé que sólo había podido abrir el bolsillo exterior. El chiquillo estará en prácticas o no llegó al bolsillo grande, donde guardo todo aquéllo que, final y afortunadamente, seguía conmigo.

Puede que alguno se esté preguntando qué llevo yo, paranoica perdida, en el bolsillo exterior de la mochila. Pues os lo diré amigos, os lo diré, aquí la bloggera es muy aficionada a las infusiones de té, tomillo, romero, menta, jazmín, manzanilla, anís... un pequeño monedero lleno de bolsitas de infusiones es lo que llevo en el bolsillo exterior de la mochila.

Otra cosa no, pero una sabrosa infusión bien calentita se podría haber hecho la criatura.

Qué pena de vida, desde luego, qué pena de vida, la suya y la del mayor que le acompañaba.