viernes, 17 de abril de 2009

PISO CON HILO MUSICAL

A Laura le encanta ir al dentista. Su dentista es un señor amable y delicado, simpático y eficaz. También le gusta la sala de espera de la consulta, las cuatro paredes están trufadas de diplomas y títulos, de cursos, jornadas, seminarios y premios. Además, tiene un estupendo hilo musical del que siempre recuerda la versión instrumental de Moliendo Café. Según parece, disfrutar de este servicio vale una pasta.



El piso de Laura también disfruta de hilo musical, aunque no tan exquisito. De día y de noche, sean las ocho de la mañana o las doce de la noche, se oye nítidamente el armonioso sonido de las obras del metro. Pensando en el bien común y en la madre, el padre y la familia completa de los obreros que doblan el espinazo en el tajo, Laura reprime sus enormes deseos de abrir la ventana del salón, la más cercana a la orquesta, y mentarles a los operarios la mala fama de sus progenitores.



La otra madrugada, extrañamente, no sonaba hilo musical metral. Sonaba hilo musical vecinal. Laura tiene un vecino que cada dos o tres semanas celebra algo. Se trata de una persona especial, muy sensible a los logros, victorias y buenas suertes de sus amigos y allegados, por eso cualquier excusa es perfecta para tomar unas cervecitas y escuchar música, esto es, reventarse los tímpanos y molestar a los durmientes o potenciales.



Ni corta ni perezosa, antes de cantar ópera –inútilmente- por la ventana-, llamó a la policía local:

“Sí, dígame” –atiende una voz presta.

“Hola, buenas noches”.

“Sí, ¿en qué puedo ayudarle?” – más presta.

“Pues verá, llamo porque, siendo la hora que es, hay un vecino de mi calle, frente por frente, que está celebrando una fiesta y tiene la música a tope” – más claro, agua.

“Bien, entiendo. Por favor, ¿podría decirme su nombre y el de la calle donde vive Vd.?” – muy presta.

“Sí, mi nombre es Laura y vivo en la calle Italia, en la zona del mercado central” –responde Laura rápidamente.

“Muy bien de acuerdo, ¿qué número y qué piso?” – prestisísima.

“¿Perdón?” -¿cómo, erh, qué?.

“Necesito número y piso de su vivienda” – más claro, más agua.

“Pero, ¿es necesario que le de esos datos?” – ¿de verdad lo dice en serio?

“Sí, por supuesto, así el agente podrá localizarla y mantener con Vd. una entrevista para que pueda trasmitirle el problema y señalarle dónde está el ruido” – dice.

“¿Quiere Vd. decir que debo esperar al agente para indicarle de dónde viene la música?” –casi hablando sola- “Le aseguro que mi calle es muy pequeña y el origen de la música es fácil de encontrar” – es como buscar el elefante de la cacharrería.



“Sí, ya, la comprendo, pero el agente debe hablar con Vd. y concretar el problema” – repite.

“Pero entonces… tampoco dormiré mientras espero…” - será peor el remedio que la enfermedad…

“Vd. verá, señorita” – vamos, aclárese.

“No veré nada, mujer, déjelo, déjelo…

… si hasta me está empezando a gustar la música flamencoide y choni de mi feliz vecino, ¡toda para mí y gratis!”

4 comentarios:

peibol dijo...

Por fuera de mi edificio se ha puesto alguna vez algún coche con todas las puertas abiertas, y la "música" machacona a tope a las tantas; siempre son barriobajeros fardando de altavoces, que suben el volumen cuando la gente se queja por las ventanas; pero hay un remedio infalible del que siempre tiro: Abro discretamente la ventana, cojo mis provisiones, y ametralleo el coche. Se van sobre la marcha

Chocolatecontrocitos dijo...

Jisjisjis... eso lo hice yo una vez cuando era peque... puf, qué risas....

Superpatata dijo...

Jajajaja, me he sentido por un momento identificada con Laura. Resulta que unos de mis vecinos del piso de enfrente tienen la costumbre de poner la música de la furgoneta (aparcada en la puerta de mi casa) a toda pastilla, precisamente los fines de semana y a la hora de la siesta. Sí, en mi caso también es flamenqueo. Me entra una mala leche por el cuerpo.... ¿no lo podrían hacer a otra hora, o no hacerlo? No, en fin de semana y a la hora de la siesta. Los únicos días que hay para descansar... qué coraje!!!

Chocolatecontrocitos Pat dijo...

Esto es una plaga... sin duda.... Qué podemos hacer... escribir minirelatos sobre nuestros vecinos petardos y sobre los vecinos petardos de nuestros amigos...

Saluditosssssssssssss